
La educación está cambiando y parte de ese cambio está ligado a la ideología de Mar Romera. Se está convirtiendo en toda una referente para muchos profesores y educadores, de aquí que para nosotros sea tan importante conocer sus claves para la educación.
La emoción es fundamental en la educación
En un momento en que las aulas afrontan desafíos emocionales tan importantes como los académicos, Mar Romera se ha convertido en una voz clave que promueve una educación centrada en la persona. Maestra, pedagoga y escritora, ha dedicado su carrera a defender un modelo educativo basado en el respeto mutuo, el afecto y la gestión emocional como pilares fundamentales del aprendizaje.
Su propuesta, conocida como “La escuela con corazón”, parte de la idea de que el desarrollo emocional del alumnado es imprescindible para que cualquier otro conocimiento pueda asentarse. Mar Romera sostiene que enseñar no es simplemente transmitir información, sino acompañar al alumno en su proceso personal y formativo, generando vínculos auténticos entre docentes y estudiantes.
Con esta filosofía, ha participado en numerosos espacios educativos, compartiendo su visión en congresos, centros escolares y foros especializados. A través de estas intervenciones, ha impulsado una transformación profunda en la forma de entender la educación, invitando a docentes y familias a revisar sus prácticas desde una mirada más humana, empática y consciente. Su enfoque recuerda que el cambio educativo no empieza en los libros, sino en las relaciones que se construyen dentro del aula.
La persona es lo importante
Mar Romera plantea una propuesta educativa centrada en tres dimensiones esenciales: el desarrollo personal, la acción práctica y el aprendizaje académico. La primera hace referencia a la parte emocional y ética del ser humano, la segunda al aprendizaje que se adquiere a través de la experiencia, y la tercera al conocimiento teórico. Según su visión, la escuela tradicional ha privilegiado en exceso la adquisición de contenidos, descuidando tanto el crecimiento personal como la práctica activa.
Este enfoque busca dar el mismo valor a cada una de estas dimensiones, promoviendo una educación más equilibrada que permita formar personas emocionalmente fuertes y comprometidas con su entorno. Para llevarlo a la práctica, propone fomentar en el aula habilidades como la empatía, el respeto, la autoestima, la cooperación y la capacidad para tomar decisiones. También destaca la importancia de crear un ambiente educativo basado en las relaciones humanas y en el sentido de comunidad. En este modelo, la educación emocional pasa a ser el eje central del proyecto formativo.
La importancia del vínculo

También defiende una educación centrada en la empatía y el afecto como base para el vínculo entre docentes y alumnos. Afirma que el aprendizaje está íntimamente ligado a la emoción, y que no se puede enseñar sin tener en cuenta lo que cada niño siente. Por ello, propone una escuela donde se escuche activamente, se mire con atención y se valore a cada estudiante como alguien único e irrepetible.
Inspirada por la neuroeducación y por figuras como Francisco Mora, insiste en que «no hay aprendizaje sin emoción». Reconocer y trabajar con las emociones dentro del aula no es un lujo, sino una necesidad que impacta directamente en la calidad del aprendizaje. Esto no solo se refiere a los estudiantes, sino también al profesorado.
El bienestar emocional del docente también debe considerarse, ya que muchos trabajan bajo condiciones rígidas y exigentes. Incorporar la gestión emocional a la rutina escolar diaria debería tener la misma importancia que asignaturas como matemáticas o lengua. Este enfoque busca una educación más humana, que no solo forme en conocimientos, sino que también ayude a niños y adultos a convivir con sus emociones de forma saludable.
La formación ayuda al cambio
Mar Romera dedica gran parte de su labor profesional a la formación del profesorado, enfocándose en la transmisión de herramientas prácticas para aplicar la educación emocional en el aula. A través de talleres, cursos y conferencias, promueve una pedagogía cercana a la realidad del docente, centrada en el desarrollo integral del alumnado. Sus propuestas buscan fortalecer el vínculo entre emoción y aprendizaje, dotando a los docentes de recursos para fomentar un entorno educativo más humano y consciente.
Su estilo comunicativo es claro, directo y con un fuerte compromiso con la transformación educativa. Gracias a ello, logra conectar con quienes la escuchan y transmitir no solo conocimientos, sino también inspiración. Los profesionales que participan en sus formaciones suelen salir con una renovada motivación para enfrentar los retos del aula y con una mirada más sensible hacia el proceso de enseñar.
Quienes deseen contar con la presencia de Mar Romera en su centro educativo o evento formativo tienen la posibilidad de contratar sus servicios mediante MT Consulting. Esta agencia está especializada en conferencias orientadas a la educación, el bienestar emocional y el liderazgo en el ámbito docente.
La educación en la infancia es fundamental
Mar Romera considera que la infancia tiene un valor fundamental en la vida de las personas. Sostiene que los primeros años no solo son clave para aprender, sino también para formar la identidad y las emociones. Por ello, ha dedicado gran parte de su trabajo a la educación infantil, plasmando sus ideas en obras como La escuela que quiero, donde defiende una pedagogía centrada en el respeto al niño.
Romera rechaza la visión de la infancia como un simple paso hacia la adultez. Cree en una etapa con sentido propio, que debe vivirse sin presiones, acompañando a los niños en su crecimiento personal.
El profesor tiene un papel emocional
El profesorado desempeña un papel fundamental como referente emocional en el desarrollo de los estudiantes. Para ello, es esencial que los maestros se formen en competencias emocionales, aprendan a gestionar sus propias emociones y se sientan apoyados dentro del entorno educativo. La escuela debe convertirse en un espacio donde los docentes puedan cuidarse, compartir experiencias y sentirse reconocidos por sus compañeros.
Ella insiste en que los niños aprenden principalmente a través del ejemplo, de lo que sienten y de cómo son tratados. Por eso, el impacto del educador va más allá de lo académico. Ser coherente, humano y auténtico es más valioso que buscar la perfección. Educar con el corazón implica aceptar la vulnerabilidad, reconocer errores y acompañar a los alumnos en su proceso.














































































